Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy

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A base de mucho carisma y buena apariencia, este depredador fue capaz de terminar con la vida de más de dos docenas de mujeres.

Aunque para muchos países el tema de los asesinos en serie es algo que casi ni se toca, los medios estadounidenses siempre han tenido una cierta fascinación con estos individuos, que se mueven entre nosotros, pero solamente nos ven como presa. Y con una larga lista de donde elegir, sin duda que hay uno que siempre ha resaltado, Ted Bundy.

La historia de Bundy es un tanto distinta a la del común de los asesinos, o por lo menos lo uno quisiera pensar que es lo común, ya que este hombre tenía muy claro cuáles eran sus características más fuertes, pudiendo socializar como una persona normal e incluso encantar a los que lo rodeaban. 

Él logró dejar atrás esa figura torpe, oscura y malvada que uno asocia con un carnicero de su estirpe, esa imagen que nos deja John Wayne Gacy, también conocido como el payaso Pogo, inspiración para Pennywise en la novela y las películas “It”. 

Que decir de Ed Gein, un hombre solitario que después sería recordado como "El carnicero de Plainfield", e inspiró a personajes como Norman Bates y Buffalo Bill de “Psicosis” y “El Silencio De Los Inocentes” respectivamente. Ed, quien tenía un comportamiento bastante antisocial y que luego de ser capturado se le encontró un sinnúmero de objetos, como cinturones y sillas tapizadas de piel humana.

Pero este no era el caso de Bundy, algo que queda completamente comprobado en la serie original de Netflix de cuatro episodios, en la que podemos obtener una mirada profunda a la mente de uno de los depredadores más prolijos en la historia de Estados Unidos.

El primer aspecto que realmente llama la atención de este personaje fue su carisma, su manera de presentarse frente a los demás, con un calor humano que desde cualquier perspectiva parecería autentico, pero que en realidad era completamente incompatible con su verdadero ser. Es solamente cosa de ver sus entrevistas, su interacción con los periodistas y los relatos de quienes lo conocieron en situaciones sociales y que de alguna manera crearon un lazo sin jamás imaginar de lo que era capaz.

Pero esta característica, la de ser el alma de la fiesta, esta habilidad de atraer a la gente como un imán quizás en realidad no era más que una manera de alimentar su verdadera pasión, ser el centro de atención. Desde donde se mira, Ted Bundy no era más que un narcisista y esto queda completamente demostrado a lo largo de las entrevistas, conversaciones y todas las imágenes que hay de sus juicios. Él en todo momento se siente superior a los abogados fiscales, a sus victimas e incluso a sus propios abogados defensores, hecho que también pudiera ser una de sus perdiciones.

Si bien, la serie gira entorno a Bundy, sus actos y estado mental, lo realmente impactante de todo esto son las narraciones de la gente que de una u otra manera se involucró con él. Escuchar al agente de la policía que lo arrestó, a la abogada que lo defendió, a su madre y las madres de algunas de sus víctimas, cada persona con su propia impresión y perspectiva de un hombre y el daño que causó.

Aún que es probable que nunca podamos entender completamente a un asesino serial como lo es Ted Bundy, un depredador capaz de moverse entre sus presas sin que estos se dieran cuenta del peligro latente. El hecho de poder escuchar su historia de parte de la gente que de una u otra manera estuvo involucrada se hace atrapante por decir lo menos.
 

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